
CADA NUEVA GENERACIÓN de estudiantes que recibo al inicio de cada curso escolar posee conocimientos en informática más avanzados que los de sus predecesores. Como aparte de mis actividades docentes también participo como auxiliar en la Biblioteca Virtual, he corroborado de primera mano que es internet la herramienta computacional que más emplean.
Correo electrónico, chats, convivencia virtual en plataformas como Facebook o Hi5, intercambio de fotos en Flickr o promoción de la propia individualidad mediante plataformas como MySpace, son algunas de las actividades colectivas que enriquecen su tejido social, con todo y que conllevan riesgo para su privacidad y la de terceros, que pueden verse expuestos en internet sin –o contra– su voluntad.
Actividades más solitarias tienen que ver con la vista o descarga de videos de sitios como el conocidísimo YouTube –donde numerosos maestros de los CBTis aparecen, por cierto–, descarga de música, series de televisión, noticias, etc.
En mi experiencia, internet es una herramienta fantástica que así como cataliza el rendimiento escolar cuando se le emplea con sensatez, también es un poderoso catalizador del ocio, pues facilita el acceso a distractores adictivos como juegos online y la pornografía.
También he observado que cuando consultan internet con finalidad académica, por lo regular no saben discriminar ni contrastar información, por lo que dan total credibilidad a contenidos que no son expedidos por ningún organismo que tenga autoridad en la materia y tampoco toman nota de la fuente para futura referencia. Aunado a lo anterior, el plagio de trabajos extraídos del ciberespacio está a la orden del día.
SIN EMBARGO, poco a poco los profesores hemos ido adaptándonos a esas nuevas circunstancias, tratando de mitigar los impactos negativos de la era digital y propiciando que aprovechen sus conocimientos informáticos constructivamente. Lo primero ha sido aprender a dominar esas herramientas, aprendiendo inclusive de los mismos alumnos, para ganarnos e imponer respeto. En segundo lugar, ha sido inspirar y encauzar mediante tareas y trabajos en equipo, observándose aquí una tendencia muy interesante: la disminución del uso de papel para dar lugar a las tareas virtuales.


