miércoles, 10 de diciembre de 2008

Los Saberes de mis Estudiantes.




CADA NUEVA GENERACIÓN de estudiantes que recibo al inicio de cada curso escolar posee conocimientos en informática más avanzados que los de sus predecesores. Como aparte de mis actividades docentes también participo como auxiliar en la Biblioteca Virtual, he corroborado de primera mano que es internet la herramienta computacional que más emplean.
Correo electrónico, chats, convivencia virtual en plataformas como Facebook o Hi5, intercambio de fotos en Flickr o promoción de la propia individualidad mediante plataformas como MySpace, son algunas de las actividades colectivas que enriquecen su tejido social, con todo y que conllevan riesgo para su privacidad y la de terceros, que pueden verse expuestos en internet sin –o contra– su voluntad.
Actividades más solitarias tienen que ver con la vista o descarga de videos de sitios como el conocidísimo YouTube –donde numerosos maestros de los CBTis aparecen, por cierto–, descarga de música, series de televisión, noticias, etc.
En mi experiencia, internet es una herramienta fantástica que así como cataliza el rendimiento escolar cuando se le emplea con sensatez, también es un poderoso catalizador del ocio, pues facilita el acceso a distractores adictivos como juegos online y la pornografía.
También he observado que cuando consultan internet con finalidad académica, por lo regular no saben discriminar ni contrastar información, por lo que dan total credibilidad a contenidos que no son expedidos por ningún organismo que tenga autoridad en la materia y tampoco toman nota de la fuente para futura referencia. Aunado a lo anterior, el plagio de trabajos extraídos del ciberespacio está a la orden del día.

SIN EMBARGO, poco a poco los profesores hemos ido adaptándonos a esas nuevas circunstancias, tratando de mitigar los impactos negativos de la era digital y propiciando que aprovechen sus conocimientos informáticos constructivamente. Lo primero ha sido aprender a dominar esas herramientas, aprendiendo inclusive de los mismos alumnos, para ganarnos e imponer respeto. En segundo lugar, ha sido inspirar y encauzar mediante tareas y trabajos en equipo, observándose aquí una tendencia muy interesante: la disminución del uso de papel para dar lugar a las tareas virtuales.

Mi confrontación con la Docencia.


Yo Toco el Futuro.


Cuando llegué a Tampico –en aquel entonces un puerto polvoriento con escasa infraestructura urbana situado en las márgenes del golfo de México– con el propósito de estudiar Ingeniería Química Industrial, mis aspiraciones realistas tenían qué ver con graduarme y conseguir un espléndido trabajo para llevar una vida de relativa comodidad.

Pero la auténtica verdad es que mis grandes aspiraciones estaban depositadas en la medicina, carrera que no me fue posible estudiar por muy adversas circunstancias familiares y económicas. Y eso le puso el epitafio a mi intenso sueño infantil de crecer y hallar la cura para el cáncer.

Han transcurrido cerca de treinta y cinco años desde entonces. ¿Cómo es que terminé siendo una docente de carrera que ha tenido la dicha de tocar de manera directa mediante la enseñanza a más de 20,000 jóvenes?

Todo comenzó como un asunto de logística familiar de lo más trivial que puedan imaginarse: toda la familia –compuesta por una madre viuda y 7 hermanos aparte de mí– terminó residiendo en el entonces polvoriento Tampico, de modo que cada uno de los hijos tuviera acceso a educación superior. Cuando yo estaba en el primer año de la carrera, el viejo Dart de la casa quedó libre, pues los hermanos mayores ya eran autosuficientes. Así que mi madre lo puso a mi disposición a cambio de que hiciera “algo productivo”.

Bien saben ustedes que en los 70’s tempranos no eran abundantes las opciones para un trabajo femenino decente de medio tiempo, así que –recordando la facilidad con que en la secu y la prepa explicaba a mis compañeras las tareas– comencé dando clases particulares –a domicilio– a varias alumnas de los colegios de la zona.

La madre de una de esas alumnas, agradecida por los progresos que bajo mi tutelaje su hija había hecho, me recomendó para una vacante, precisamente en el exclusivo colegio al que su hija asistía. Todavía recuerdo el primer día que pisé la tarima del salón para enseñar a un nutrido grupo de alumnas que eran apenas unos tres años menores que yo.

Y cuando acordé, tenía trabajo en cinco colegios distintos. Entonces descubrí que eso a lo que yo llamaba facilidad era en realidad un talento innato (y disculpen que en este punto me falle la modestia).
Al mismo tiempo me percaté que la vida me estaba llevando –finalmente– en una dirección a la que sí me apetecía ir.

La docencia es una carrera en la que muy difícilmente se logran glorias como las que le esperan al médico que un buen día anuncie que ha sido capaz de descubrir alguna cura definitiva para el cáncer (o una cura para al menos una de las múltiples clases de cáncer que hay). Y sin embargo, es una de las carreras más nobles y gratificantes que puede haber porque siempre nos mantiene jóvenes y porque tocamos el futuro en cada uno de nuestros alumnos. Hoy, a más de 35 años de distancia de aquella mañana en que por primera vez pisé una tarima en calidad de maestra, puedo afirmarlo con total conocimiento de causa.

Bien decía el beatle John Lennon que “la vida es aquello que pasa mientras planeamos el futuro.”
Y me siento muy agradecida con el Creador por mi ocupación privilegiada.

Mi lema y mi bandera, aquel que encierra no sólo el significado de mi trabajo, sino de mi vida entera, es: Enseñar e Inspirar.




I touch the future. I teach.
Respuesta que dio Christa McAuliffe cuando le preguntaron qué hacía ella antes
de ser seleccionada para ir al espacio exterior en 1986 a bordo de Challenger.




Yo toco el futuro. Yo enseño.

Mi aventura de ser Docente.




Realmente una enriquecedora lectura que te remonta a algo muy importante, tus inicios. Te va llevando de la mano por situaciones que por ya superadas no son recordadas vívidamente, mas sin embargo forman parte de la esencia que actualmente manejamos en nuestra labor docente.

Esteve afirma que se aprende a ser maestro por ensayo y por error, aunque la última palabra suena fuerte, pues a nadie nos gusta cometer errores, mucho menos con nuestros alumnos, pero es un hecho que para sembrar la semilla, debe hacerse un surco en la tierra.

Sonríes inevitablemente al estar haciendo la lectura, pues obviamente Esteve escribió con conocimiento de causa y tus ojos van deslizándose por las diversas circunstancias comentadas y piensas. ¿Yo pasé por ésas? Y sigues sonriendo recordando los lejanos contextos y situaciones donde hubo aprensión y hoy hay agradecimiento y añoranza.

Cuando Unamuno manifiesta lo de ser maestro de humanidad, recuerdo en primer instancia a ésa gran mentora que fue mi Madre, ella me decía: “Hija, es una gran responsabilidad ser maestra, pero te pido que a todos tus alumnos los veas como si tuvieran la misma capacidad, no les des más importancia a los mas aplicados, pues finalmente los que más te necesitan son los que no aprenden con facilidad, busca emparejarlos y no pierdas de vista el entorno que estén viviendo en sus casas, ése pudiera ser el motivo de su bajo desempeño, sin ser ellos los directamente responsables”.

Asimismo recordé que cuando trabajé con los Jesuitas, uno de los más connotados SJ de la agrupación, sicólogo de profesión, nos indicaba que al alumno hay que verlo como un ser humano en formación, que a la hora de calificar su desempeño escolar, tuviéramos en cuenta el “esfuerzo” que había realizado, aunque no hubiera logrado el resultado esperado, que midiéramos el empeño que puso, más que su desempeño. A este principio ellos le llamaban el paradigma ignaciano.
Al seguir con la lectura llegamos a un punto crucial: la identidad profesional, vaya que es algo donde hay que estar muy alertas, es todo un proceso de malabares, pero con empeño, dedicación, responsabilidad, motivación y disciplina nos ganamos el derecho de piso. En el caso particular de su servidora, en la primer clase, después del Programa del Curso, les dicto a los alumnos el reglamento de la clase, hacen 3 juegos firmados en original, por el alumno y sus papás o tutor; uno lo pegan en el cuaderno de clase, otro en el cuaderno de trabajos y secuencias y el tercero yo lo archivo.

Respecto a los profesionistas docentes, a pesar de ya tener bien definida mi vocación docente, me gustaba que me dijeran la Ingeniera Gloria Chávez, pues pensaba: “mi trabajo me costó estudiar los 5 años de la carrera.”
Hoy cuando me nombran por mi profesión, o me identifico, simplemente digo la maestra Gloria Chávez, pues pienso también, que mi trabajo me costó.

Cerraré ésta participación con un proverbio árabe:
“En Mares Serenos, no se forman buenos Marineros”.